26 ago. 2019

UN DÍA DE AGOSTO - SIMA BLANCA (FONT D'EN CARRÓS)


 

- Oye, que digo yo, que podíamos aprovechar e ir un día de este mes de agosto a una cueva.

- Vale, ¿a qué cueva?

- Pues podíamos ir a la Sima Blanca en la Font d’En Carrós, que hace tiempo que no vamos.

- Y se lo podemos decir a Noé y a Aure que dijeron que les gustaría hacer espeleo.

- De acuerdo entonces. Nos podemos ir el sábado 24.

- Pues lo vamos moviendo…

Antes de entrar

Dicho y hecho. Esta vez Jose Luis no podía venir por cuestiones laborales (se le echó de menos), así que el día 24 acudíamos a la Font d’En Carrós para realizar una nueva exploración de la Sima Blanca. Quedamos a las 9:00 y una vez estuvimos los cuatro (Noé, Aure, José y Tomás) nos montamos en uno de los coches y nos acercamos a la zona del pueblo más cercana a la Sima. Allí dejamos el coche, cargamos con los pertrechos y comenzamos el camino hacia la cueva.

La verdad es que nos costó un poco encontrarla, pues aunque ya hemos estado un par de veces, hacía seis años que no la visitábamos y la memoria a veces te crea malas pasadas. Pero bueno, al final dimos con ella.

Antes de entrar, y para reponer fuerzas tras la búsqueda de la boca, dimos cuenta de los respectivos almuerzos.

José, nuestro instalador oficial, comenzó a equiparla y mientras, el resto nos ajustábamos los equipos.

La pequeña boca de entrada (bota en parte inferior para apreciar tamaño)
La Sima Blanca presenta un pequeña boca de escasos 50 cms de diámetro que da acceso al primero de los pozos, de 19 metros. Es un pozo que tras la estrechez de los primeros dos metros, se va abriendo progresivamente en forma de campana. Un desviador puesto cercano a la boca nos permite bajar en óptimas condiciones.

Al final de esta vertical de 19 metros, colocamos un fraccionamiento para continuar bajando por una pronunciada rampa de unos 10 metros que desemboca en otra pequeña vertical de 3 metros que hace necesario fraccionar otra vez.

Tomás entre diversas formaciones
Una vez llegados a este punto, la base del pozo de entrada, tenemos varias alternativas. Ir por la izquierda a una sala que reúne la zona con más formaciones de la cavidad, ir por la derecha a buscar el pozo del acuífero o ir por el centro a bajar el pozo intermedio que nos lleva a la sala del Conejo.

Noé y Aure al pie de una bonita colada

Finalmente decidimos hacer este último. Mientras José equipaba el pozo, Aure, Noé y Tomás fueron a ver la cabecera del pozo del acuífero que se encuentra a la derecha del pozo intermedio y que, tras un destrepe de un par de metros se llega a ella.

José equipando el pozo intermedio
También aprovechamos para realizar alguna que otra foto de los alrededores, como por ejemplo esta de una bella colada que hay en la base del pozo de entrada.




El pozo intermedio comienza con un descenso de 5 metros que, tras llegar a una repisa, va aumentado el desnivel conforme se avanza por ella, siempre con cuerda y rapelando. Tras unos metros más se llega a la cabecera de una vertical de 13 metros. Allí, con la misma cuerda, fraccionamos e iniciamos el descenso del último obstáculo que nos separa de la Sala del Conejo, punto más bajo de este pozo.

Una foto más para inmortalizar el momento y comenzamos la ascensión. El primero en subir es José, luego Aure, después de él sube Noé y Tomás, el último, va desmontando.

En la sala del Conejo
La subida del pozo intermedio se realiza sin ninguna complicación, por lo que en poco tiempo estamos otra vez en la base del pozo de entrada. Una vez aquí, recogemos las cosas que nos habíamos dejado, preparamos las sacas y para arriba.

Aure subiendo por el pozo intermedio
Este segundo ascenso es un poco más cansado, ya que junto al cansancio acumulado por lo realizado se añade que es mayor la distancia y que los últimos metros se angosta y es preciso realizar un esfuerzo mayor. Pero bueno, nada que nos impida volver al calor del exterior, ya apreciable cuando estamos próximos a la salida.

Después de terminar de desmontar y recoger el equipo, volvemos a realizar el camino de vuelta hasta el coche. Son las 14:00 y el sol aprieta.

Momento de empezar a recoger
Llegado ya al coche, nos montamos en él para volver a donde teníamos el resto de vehículos. Una vez allí y antes de despedirnos, buscamos un bar donde tomarnos algo fresquito, pero al no encontrar ninguno abierto, nos compramos unas latas y en un banco cercano (y a la sombra) nos refrescamos por dentro, ya que por fuera hacia calor.

Ha sido esta una jornada interesante y productiva; por un lado, nos ha servido para retomar la espeleo, algo abandonada últimamente y, por otro, ha permitido que tanto Noé como Aure comenzaran también... a escuchar el silencio...

Una más

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